
Terminas de ver un video que te gustó. La persona cierra así: «sígueme, comenta, comparte, visita mi página y escríbeme si tienes dudas». Cinco cosas en tres segundos.
¿Cuál haces? Lo más probable es que ninguna. Pasas al siguiente video y te olvidas de quién era.
Una acción, conectada con el video
Los que enseñan a escribir videos señalan dos errores muy comunes: terminar sin pedir nada, o pedir algo que no tiene que ver con lo que se contó, como un «suscríbete» pegado al final.
El arreglo cabe en una frase: al final, una sola acción, unida al problema que el video acaba de tocar. Por ejemplo, después de un video sobre plantas que se secan:
«Si a ti también se te secan, comenta HUERTO y te mando la lista de lo que hago cada mañana.»
La acción depende de lo que buscas
Antes de escribir el cierre, decide qué quieres de ese video. Cada objetivo pide su acción:
- Que te conozcan: «sígueme, mañana te cuento la segunda parte».
- Que te escriban: «comenta la palabra HUERTO y te mando la lista».
- Que pidan una cita o un presupuesto: «escríbeme y te digo si tu patio sirve».
- Que compren: «escríbeme CURSO y te paso el enlace con el precio».
Un video, un objetivo, una acción. Si quieres dos cosas, haz dos videos.
Dicho como lo diría un amigo
La acción suena mejor cuando se sugiere. «Si te sirve, escríbeme» se escucha distinto que «¡compra ahora!». Los que enseñan a vender en video lo repiten: quien da órdenes suena a anuncio, y los anuncios se saltan.
Algunos de ellos prefieren dejar la petición fuerte para el texto que acompaña al video, y cerrar el video con algo suave. Las dos cosas caben juntas: una frase amable al final, y el detalle en el texto.
Si haces videos para un negocio
La acción es la del negocio: reservar una mesa, pedir una cotización, pasar por la tienda esta semana. La eliges con el dueño antes de escribir el guion.
Así, cuando el dueño te pregunte qué consiguió con sus videos, los dos saben qué contar: cuántas reservas, cuántas cotizaciones, cuántas visitas.